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Lo esperaron desde que salieron de su enseñanza media sin la ceremonia respectiva. Los alumnos de la generación 1984 del Liceo Pedro del Río Zañartu concretaron su anhelo, realizar la licenciatura luego que en el año que correspondía, en plena Dictadura, un compañero tomó la bandera chilena y la metió a la taza del baño, cuestión que derivó en que las autoridades de la época suspendieran la actividad como castigo.


“En la época que nosotros vivíamos era la Dictadura, entonces se tomó a mal traer y se tergiversó el sentido de la broma, entonces el compañero se vio asustado y se le escapó de las manos, y bueno la determinación de la directiva en ese tiempo fue dejarnos sin licenciatura y nosotros nos fuimos muy dolidos”, indicó Valentina Alveal, ex alumna y organizadora del evento.


Uno a uno fueron pasando al escuchar su nombre. Se pasó lista y sonó el timbre para salir a recibir su certificado simbólico. “La verdad es que el sentimiento es de emoción, estamos cumpliendo un sueño, cerrando una etapa, yo nunca me imaginé que lo iba a lograr”, señaló Lilian González, una de las licenciadas.


Hoy la mayoría bordea los 51 y 52 años de edad. Las condiciones son distintas. Todos tienen familias formadas. “Si uno se pone a analizar que pasaron tantos años para lograr esto, uno se siente satisfecho. En cuatro años pudimos hacer lo que no pudimos en 33 y este es el resultado, todos felices, nuestros familiares muy emocionados”, narró Luis Barra, otro ex alumno.


Fue momento también para auto críticas. Por cosas del destino uno de los profesores jefe de cuarto medio y que tampoco licenció a sus alumnos por este castigo, hoy es el director del establecimiento. “El mea culpa que hicimos, va en el sentido de que cuando se tomó la decisión nos sentimos atrapados, todos el profesorado, nos quedamos mudos, no logramos destrabar la situación y acatamos, como era en esos tiempos, acatar calladamente y fuimos parte, en alguna forma, indirectamente, de esta decisión”, reconoció Jorge Caamaño, director del Pedro del Río Zañartu.


En la ceremonia se entonó el himno del colegio, y como todas las ceremonias, abandonaron el salón con su certificado en la mano, sonando de fondo la canción del adiós. Así, emocionalmente cerraron el ciclo.

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