Una insólita situación afirmó haber vivido Cesar Soto, estudiante de la Universidad de Concepción de 23 años, cuando se encontraba comiendo un completo en un carrito ubicado en las afueras del campus de dicha casa de estudios, por calle Edmundo Larenas.

Mientras degustaba el clásico preparado, según consigna Cooperativa, se le acercó un inspector municipal ya que comprar en ese lugar contraviene una ordenanza de la casa edilicia que multa a las personas que compran en el comercio irregular.

“Estaba saliendo de la U y me compré un completo en un carro que hace dos años más o menos se ubica al lado de la facultad donde estudio (pedagogía en inglés), después de comprarlo e irlo comiendo mientras caminaba”, relató a dicho medio y agregó que “se acerca un inspector municipal a fiscalizarme, alegando que muchas veces han ‘hablado’ con estos carros pero al parecer ahora se encuentran fiscalizando a los estudiantes que compran. Después me encontré con otro estudiante a quien le había pasado lo mismo”.

Añadió que “mi compañera se comió un completo antes que yo y no la fiscalizaron ni la citaron, sólo porque terminó de comerse su completo antes de que el inspector terminara mi fiscalización, lo que deja una sensación de arbitrariedad en el asunto”.

Consultado por su parecer frente a la ordenanza, manifestó que es “pésima porque durante todo este tiempo he comprado en el mismo lugar y el criterio que usan para fiscalizar es super reprochable, además que el inspector alegó que se ha entregado mucha información de lugares “ambulantes” no autorizados, cuando no ha sido así”.

En la capital de la región del BioBío, desde 2016, las multas a quien compre en el comercio ilegal pueden llegar a 227 mil pesos, pudiendo ser cursadas por carabineros o inspectores municipales.