La joven actriz Taylor Hickson,quien participó en la película Deadpool, demandó a una productora cinematográfica por un accidente ocurrido en 2016 que la dejó con su rostro desfigurado por varios meses.

Durante el rodaje de la cinta de terror Ghostland su personaje debía golpear una puerta de cristal. Por orden de la dirección de la película la joven realizó la acción pero el vidrio se quebró cayendo sobre su cara dejándole graves lesiones en el rostro.

Para conseguir la escena perfecta, el director Pascal Laugier exigió a Taylor que golpeara con más fuerza el vidrio, cuando ocurrió el accidente.

Casi dos años después del accidente la actriz presentó una demanda en contra de la productora Incident Productions por el hecho ocurrido durante el rodaje, el que además de daño físico le causó una profunda angustia y dificultades para conseguir otros roles.

Taylor fue sometida a varios procedimientos con láser y usó silicona para recomponer su rostro.